No tener nada.
No llevar nada
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.
Solamente el Evangelio como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo, dada.
Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y “mais nada”!
                                                           Pedro Casaldáliga
Al final del camino me dirán:
¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré mi corazón lleno de nombres.
Poema de Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera, 1986

1Reyes 19, 16b. 19-21  
Eliseo se levantó y marchó tras Elías  
En aquellos días, el Señor dijo a Elías: "Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén."  
Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le  
echó encima el manto.  
Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: "Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo."  
Elías le dijo: "Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?"  
Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de  
comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.  
Salmo responsorial: 15  
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.  
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: "Tú eres mi bien." El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;  
mi suerte está en tu mano. R.  
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi  
derecha no vacilaré. R.  
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni  
dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.  
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.  
Gálatas 5, 1. 13-18  
Vuestra vocación es la libertad  
Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.  
Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.  
Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que  
se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase:  
"Amarás al prójimo como a ti mismo."  
Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente.  
Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu  
contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.  
En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.  
Lucas 9, 51-62  
Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas  
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por  
delante.  
De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.  
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que  
acabe con ellos?"  
Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.  
Mientras iban de camino, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas."  
Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la  
cabeza."  
A otro le dijo: "Sígueme."  
Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre."  
Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios."  
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia."  
Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."  

                           DECIMOTERCER DOMINGO T. O.  CICLO C.

Te seguiré dondequiera que vayas”... (Lc. 9, 57-62).

Un hombre, con gran entusiasmo, quiere seguir incondicionalmente a Jesús y se acerca para decirle: “te seguiré donde quiera  
que vayas...”

En la época de Jesús el discípulo debía vivir con su maestro, ya que recibía sus lecciones compartiendo su vida... No aprendía una  
“materia”, sino un estilo de vida: aprendía a ser como su maestro, aprendía a vivir y a pensar como él, intentaba reproducir en su vida  
el ejemplo que era el maestro. En ningún momento dejaba de ser su discípulo, y por eso debía seguirlo constantemente, adonde quiera  
que fuera...

En este marco, el texto del Evangelio presenta la invitación de Jesús al seguimiento.
Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana, lo esencial es seguir a Jesús, no hay nada  más importante ni más bello y liberador en nuestra vida que seguirle a Él  
¿Qué puede haber más urgente y necesario para los cristianos que despertar entre nosotros la pasión por la fidelidad en el seguimiento de Jesús? Jesús es lo mejor  
que tenemos (es el “tesoro escondido” en el campo) y  quisiéramos seguirle cada día. Nuestra religión nos ha presentado el seguimiento de Jesús como una  
renuncia. No se trata de renunciar, sino de elegir lo que de verdad es bueno y libera.

El Evangelio de hoy describe tres situaciones sobre el seguimiento para que  tomemos conciencia de que nada puede haber más urgente e inaplazable que  
seguir a Jesús:  
En primer lugar, aparece un hombre ilusionado que quiere seguir incondicionalmente a Jesús  y le dice: “Te seguiré a donde quiera que  
vayas”....  
Jesús le hace reconsiderar su ofrecimiento tan generoso, haciéndole ver como hasta los animales tienen sus refugios. En cambio, Él está  
totalmente desprotegido, y le responde con una imagen tomada de los animales: “Las zorras  tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el  Hijo del  
hombre no tiene donde reclinar la cabeza; es decir, que la decisión de seguir a Jesús no puede ser el resultado de un entusiasmo pasajero,  
sino el compromiso de toda una vida. Seguir a Jesús no es para lograr prestigio, poder o un falso refugio que da seguridad. Jesús le  
descubre que si quiere seguirle ha de aceptar vivir en la inseguridad y renunciar a una vida cómoda y tranquila.  

Después aparece otro individuo a quién Jesús mismo lo invita diciéndole: “Tu sígueme”...  Y él reacciona pidiéndole retrasar la respuesta inmediata:  
Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Este no parece tan ilusionado como el anterior. Es la postura de quien decide demorar las  
decisiones que deben tomarse; no quiere comprometerse; pone excusas a Dios para no responder a su llamada...La respuesta de Jesus es  
sorprendente: Deja que los muertos entierren a sus muertos. Las palabras de Jesús no pretenden poner en discusión los deberes de la piedad  
familiar sino abrir al discípulo a una nueva misión. El Reino de Dios, es decir, el mundo nuevo, es más importante que la familia y las prácticas sociales.  
Esa es la invitación que nos hace Jesús a todos nosotros. No seguir a Jesús es quedarse en el mundo de los que en realidad están muertos.  Él nos  
enseña así a ir lo más lejos posible en el camino de nuestra fidelidad.  

   Por último,  aparece un tercero para decirle: “Te seguiré Señor, pero déjame primero despedirme de mi familia”, es una buena excusa... pero excusa  
al fin, que hace retrasar el seguimiento de Jesús. Jesús le responde con la imagen del arado y le dice que nada de mirar atrás, que el seguimiento sólo es  
posible con una decisión firme y constante. La comparación del arado aclara la cuestión: si alguno quiere arar pero va mirando hacia atrás, hará  
cualquier cosa menos  guiar bien su arado, sobre todo en una tierra dura y pedregosa como la de Palestina. Quien siga mirando para atrás,  
no vale para el Reino de Dios.” No se puede jugar a dos cartas. Nada de titubeos, nada de componendas, ninguna concesión a las nostalgias; el seguimiento  
requiere una opción irrevocable.

Actualmente, los cristianos,  necesitamos poner en el centro de nuestra vida el seguimiento de Jesús: ¿Seremos capaces de escuchar hoy la llamada insistente de  
Jesús a seguirle en nuestra vida?.

No hay nada más bello que tratar de seguirle a Él cada día. Sólo siguiendo a Jesús es posible encontrar la felicidad y la paz del corazón que tanto necesitamos. Que  
experimentemos la alegría de ser seguidores de Jesús.   

Que en este domingo podamos decirle: “Señor Jesús, tu eres la vida verdadera, la única que llena nuestro corazón. Por eso quisiéramos a seguirte hasta el  
final, donde quiera que vayas”.                                      
                                       
                                                       Benjamín García Soriano