DECIMOCUARTO DOMINGO T.O. CICLO A

      “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra” (Mt. 11, 25-30).

Estas palabras son un canto espontáneo de gozo, admiración y agradecimiento que brotan de los labios de Jesús…En la vida de Jesús la acción de gracias y la alabanza ocupan un lugar central. El de hoy es significativo: el amor de Dios está en el origen de todo y en la raíz de todo.

   La alabanza y la acción de gracias son muy importantes porque nos sitúan en la realidad: Somos agraciados con dones personales y con el gran don de la vida... Jesús dice: “Todo me lo ha entregado mi Padre.” Jesús tiene conciencia de que todo lo recibe del Padre. Él, como Hijo, se recibe del Padre... Nosotros podemos decir lo mismo, podemos reconocer que todo nos ha sido dado..., es su Amor el que nos lo está dando todo en cada momento. La acción de gracias nos ayuda a reconocer nuestros dones, a reconocer el gran don de la vida. Nadie se da la vida a sí mismo: la vida es el gran regalo de Dios, nunca suficientemente valorado... No la hemos decidido nosotros. Aunque nos parece muy normal existir, nuestra vida es un acontecimiento que podía no haber sucedido. Es Dios mismo el que nos ha llamado a vivir. El H. Roger dice: “si existes es por Amor”. El fondo de la realidad última no es la nada sino el Amor.  Hoy es un día para dar gracias por la vida. Necesitamos recuperar la actitud de la alabanza y de acción de gracias que hemos perdido. Siempre podemos dar gracias

    Nadie conoce al Hijo sino el Padre”. (Mt. 11,27), el Padre conoce al Hijo en profundidad, el verbo conocer significa amar, es decir, el Padre ama al Hijo, Jesús se siente amado por el Padre; esta es la experiencia nuclear de la vivencia de Jesús y también la experiencia humana más profunda que podemos hacer: la de sentirnos amados. Podemos decir: te salva quien te ama, quien te ama tanto que es capaz de dar su vida por ti. Este es el Amor que libera profundamente nuestra vida.

Por otra parte, “el Hijo es el único que conoce al Padre” y el único que puede revelarlo a través de sus gestos y palabras. Esta revelación que el Hijo hace del Padre es a “los pequeños”. Dios ha decidido “gratuitamente” revelarle “estas cosas”. Es fácil comprender que bajo la expresión “estas cosas” hay una clara alusión al Evangelio en su totalidad,  es decir, a la nueva comprensión de Dios y de su designio que se contiene en las palabras y en los hechos de Jesús. “Estas cosas” se refieren  al camino de liberación y de vida que Jesús nos abre a todos.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré.”...
Que bien poder escuchar hoy estas palabras de Jesús… Son tres invitaciones: “venid a mí”, “cargad con mi yugo”, y “aprended de mí”.
Jesús se dirige a todos los cansados, a los que andan sin sentido, a aquellos que no pueden más, a los que dejamos al margen, a los abatidos por los sufrimientos de la vida.... Ahí, entre esos “cansados y agobiados” podemos estar también nosotros...
A veces, nos entra el miedo porque nos sentimos incapaces de llevar “nuestras cargas”, pero Él nos dice que podemos aprender de Él: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.



Sí, hay situaciones en las que los cansancios y agobios pueden con nosotros. Por distintos motivos y circunstancias, a veces, nos podemos sentir cansados y la vida nos pesa. Las limitaciones personales, la enfermedad, las ilusiones no realizadas, nuestras frustraciones, los desencantos vividos, la situación de injusticia en el mundo y las dificultades de la misma Iglesia… Todas estas cosas pueden herirnos y dejarnos una sensación de pesimismo, de cansancio y de desesperanza pero Jesús nos dice: “Venid a mí todos”... “todos”, nadie está excluido de su Amor. Sí, este amor no excluye a nadie y libera a todos, este amor ilumina la oscuridad de nuestra vida y llena los vacíos de nuestro corazón. Él, Jesús, es el verdadero consuelo más allá de toda palabrería.

     ¿Dónde encontrar descanso y sosiego en una sociedad marcada por las prisas, la competencia y la ansiedad? “Buscador apasionado de un amor de eternidad, ¿sabrás dónde reposar tu corazón?” (H.Roger). Acercándonos a Él, que nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo”... que es “suave y mi carga ligera y encontrareis descanso”. Jesús hace referencia a que el encuentro con Él es descanso (entre los fariseos del tiempo de Jesús se hablaba de “tomar el yugo” de la ley, por eso Jesús invita a cambiar ese “yugo” de la ley por el yugo suave y ligero de la Buena Noticia). Ciertamente el encuentro con Jesús es un verdadero descanso. Pero no es fácil descansar cuando la insatisfacción, la tristeza, el miedo o el agobio nos inundan.

     Ciertamente  podemos vivir agitados, dispersos en las mil cosas y problemas que la vida conlleva y que nosotros nos creamos pero necesitamos volver a ese lugar de descanso y sosiego que es su Presencia en lo más profundo de nosotros mismos.

En el encuentro contigo, Señor Resucitado, encontramos un lugar de descanso, un lugar para dejar descansar nuestro corazón inquieto: “Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti” (San Agustín).

     Hoy  podemos decirle: Señor, gracias por el gran regalo de la vida. Gracias por tu Presencia en nuestra vida. Tú, Jesús, eres nuestro descanso. Sólo en Ti puede descansar nuestro corazón inquieto. Tú vienes a llenar de alegría nuestra vida. No hay mayor gozo que encontrarte a Ti, Señor de la Vida.


Benjamín García Soriano


XIV Domingo del Tiempo Ordinario

PRIMERA LECTURA

LECTURA DE LA PROFECÍA DE ZACARÍAS
9, 9-10

Así dice el Señor:
-- Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

SALMO RESPONSORIAL


SALMO
144

R.- BENDECIRÉ TU NOMBRE POR SIEMPRE, DIOS MÍO, MI REY.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
R.-

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R.-

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor.
Que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
R.-

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
R.-

SEGUNDA LECTURA

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS
8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

ALELUYA
Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los misterios del reino a la gente sencilla.

EVANGELIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
-- Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

CICLO A