DECIMONOVENO DOMINGO T. O.  CICLO C.

     “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre  ha tenido a bien daros el reino” (Lc. 12, 32-48).

       Estas palabras de Jesús son una invitación a la confianza… Estas palabras son luz para nuestro camino y fuerza para nuestra esperanza..., no temáis, porque os veías o seáis pequeños; el amor de Dios da consistencia a vuestra pequeñez…, las primeras comunidades,  a las que se dirige el Evangelio de Lucas, eran conscientes de su pequeñez y de su impotencia, vivían, sin embargo, en la certeza del Amor de Dios.

      “No temas”… Sin esa confianza básica, no es fácil esperar y permanecemos prisioneros de nuestra propia búsqueda de seguridad, de una seguridad exterior… Por eso, Jesús invita a no poner la seguridad en el dinero,  sino en Dios… Sólo en Dios.

      ”Haceos talegos que no se echen a perder y un tesoro inagotable en el cielo”. Como si les dijera: no pongáis vuestra seguridad en el dinero, que no sea el dinero el móvil de vuestra vida, poned vuestra seguridad en Dios, en lo esencial, en lo único que puede llenar vuestro corazón.

      Nuestro mundo está fascinado, por el bienestar material y el consumismo, estamos devorados por esta cultura del tener, pero el tener no llena nuestro corazón. Las cosas no llenan el anhelo más profundo de nuestro ser. Las cosas son necesarias para vivir, pero no son la fuente de la vida ni la clave de la felicidad. La pregunta que nos hace el Evangelio de hoy es: ¿dónde tenemos puesta nuestra confianza? Hay quien pone su confianza en un banco, o en inversiones en bolsa, en el prestigio, en el poder, en el puesto que ocupa en la sociedad… ¿Dónde ponemos nosotros nuestra confianza?

      “Donde está vuestro tesoro allí está vuestro corazón”. El corazón humano, según la cultura bíblica, es el centro de la persona y se apega siempre a su tesoro. Jesús utiliza en diferentes ocasiones la imagen del tesoro para hablar del Reino. El tesoro es algo que se desea, que se descubre en un momento determinado, que una vez encontrado, atrae porque es fuertemente deseado y por el que se está dispuesto a renunciar a otras cosas para poseerlo.

     Hoy, más que de tesoros escondidos, nos encontramos rodeados de tesoros que nos quieren vender con la promesa de la felicidad, la belleza, la seguridad, la juventud… El criterio que Jesús da para saber escoger el verdadero tesoro es que no se agota y que permanece.

    De ahí,  la importancia de  que elijamos bien nuestro tesoro. Actualmente,  se nos hace difícil creer en algo que sea válido y verdadero para siempre. Hoy,  son muchos los que viven desorientados, sin esperanza. No saben ya dónde poner su corazón. En esta situación, lo importante parece ser disfrutar de lo inmediato y dar respuesta a nuestras “necesidades”. Sin embargo, todo eso es frágil y pasajero. A veces, una palabra desagradable es suficiente para hacernos sentir tristes y solos. Basta un gesto de rechazo o una situación difícil  para sentirnos hundidos en la depresión y en la tristeza.

       Este Domingo es para  preguntarnos: ¿dónde está nuestro tesoro? ¿Dónde tenemos puesto nuestro corazón? ¿Qué alimenta profundamente nuestra vida? Para nosotros nuestro tesoro es Jesús y su Evangelio, Fuente inagotable de vida y de belleza.

        Jesús termina sus exhortaciones con varias comparaciones que para poner de relieve las actitudes básicas de sus discípulos:

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas”... es una llamada a vivir vigilantes, vivir la vida con más profundidad en una actitud de agradecimiento y de responsabilidad. Necesitamos ser conscientes de que el tiempo humano (cronos) se ha convertido gracias a la Resurrección de Cristo en tiempo Pascual (Kairos). Es decir, el tiempo humano no es tiempo que nos hace envejecer y nos lleva a la muerte y a la nada…sino que nos da la oportunidad de vivir una vida plena de sentido.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela”...
¿Qué significa estar en vela? Estar en vela o despiertos es permanecer con ganas de vivir, más y mejor el día a día… El tiempo de vigilancia, es tiempo de servicio, de construcción y tiempo de responsabilidad…Uno de los riesgos que nos amenaza constantemente es el caer en una vida superficial, mecánica, rutinaria... de la que no es fácil escapar. Con el pasar de los años, los proyectos, las ilusiones, los ideales de muchas gentes terminan reduciéndose y empobreciéndose y nos levantamos cada día solo para “ir tirando”. La llamada de Jesús a la vigilancia en este evangelio de hoy, nos puede ayudar a despertar de la indiferencia, la pasividad, y el descuido con el que podemos llegar a vivir nuestra vida y nuestra fe.

Hoy podemos preguntarnos: ¿Dónde encontrar una referencia capaz de liberarnos de la superficialidad, de la banalidad y el sin sentido que domina a muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo?

   “Estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre”... No para vivir en la angustia sino para ser conscientes del momento único que estamos viviendo. No viváis en el miedo: “No temáis, pequeño rebaño.” Que no esperemos a mañana para vivir como deseamos vivir hoy y para entregarlo todo.  Jesús puede referirse a su última venida, al momento de nuestra muerte y también, particularmente, a su venida de cada día, para que no desaprovechemos las ocasiones que se nos presentan de percibir su Presencia en la Palabra, en el rostro de los más necesitados y en la Eucaristía.

         En la celebración de hoy, nuestra oración a Cristo Resucitado puede ser: Señor, que nuestra vida se apoye y descanse en Ti. Que Tú seas nuestro tesoro, el tesoro de nuestro corazón. Ilumina nuestros ojos para que podamos reconocer tu Presencia en nuestra vida y  especialmente en nuestros hermanos más desfavorecidos.

                                                                                     Benjamín García Soriano