VENTIOCHO DOMINGO  T. O.  CICLO A.

       "Tengo preparado  el banquete...  Venid a la Boda". ( Mt. 22, 1-14).  

        Esta es la gozosa invitación que Dios nos hace a todos: "Venid a la boda". Jesús compara El Reino de Dios con un banquete de bodas.

Jesús utiliza esta parábola como una metáfora para indicar que Dios llama a todo ser humano a saciar los anhelos más profundo de su corazón. Dios nos llama a todos a la mayor de la felicidad posible, dentro de nuestras limitaciones. Todos estamos llamados a este banquete, a esta fiesta. Este es el designio de Dios sobre la humanidad y sobre cada uno de nosotros: que podamos participar plenamente de la alegría de la vida y de la relación con los demás, que seamos felices. Dios nos quiere felices. El Dios de Jesús es el Dios de la alegría y de la esperanza, de la vida y de la fiesta.  “Venid  a  la  boda, venid a  la fiesta, estáis invitados... ¿Qué vamos a responder ante esta invitación? ¿Nos vamos a excusar o vamos a decir a su llamada?.

        Lo primero que llama la atención de esta parábola es que los primeros convidados no quisieron ir”. Que volvió a invitarles y no le hicieron  caso... incluso que reaccionaron con  violencia. Esta es la actitud que muestran los Sumos Sacerdotes y fariseos. El hijo del Rey es Jesús. “Uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios”.Son muchas las ofertas de salvación que se nos ofrecen. La invitación de Dios sigue resonando en nuestro corazón. La parábola tiene plena actualidad. También nosotros somos invitados y podemos estar atados a nuestros problemas, nuestros intereses, y nuestros asuntos y no darle importancia a esta invitación que Dios nos hace en nuestro interior.

        Después, es muy llamativa la reacción del padre del novio al conocer que los  convidados han  rechazado su  invitación. El prender fuego a la ciudad es una referencia clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son los gentiles, es decir, todos los seres humanos sin importar ni raza, ni condición social, y lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos:

        “Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis convidadlos a la boda”. Una  decisión  así  es escandalosa para cualquier persona del tiempo de Jesús... ¿Cómo es posible que  un rey invite al banquete de boda de su hijo a todo tipo de personas? Eso  es increíble.
        Sí, Dios invita  a todo ser humano, al Reino que Jesús anuncia, el  banquete es universal, para todos los hombres y mujeres, para todos  los pueblos de la tierra y para todos nosotros. El  Amor  de  Dios  es ofrecido en Jesús,  al mundo entero.  Si nuestro  mundo acogiera ese amor solidario de Dios, ¿la vida no sería un fiesta? Si cada uno de nosotros acogiéramos en nuestro corazón ese  amor que Dios nos ofrece,  ¿no cambiaría  nuestra vida y se llenaría de alegría y de sentido?. 

       El, Jesús Resucitado, ha  abierto de par  en par  las  puertas del banquete del Reino a todo el que quiera entrar... El  invita a todos,  sin   distinción: "Buenos  y   malos”,  ricos y  pobres, comprometidos e indiferentes... Es una llamada a crear una sociedad fraterna en la que todos podamos disfrutar y gozar de todo.

        Cuando la sociedad, y la Iglesia, hacen clases y diferencias y marginan a hombres y mujeres por cualquier razón, no hacen sino desviarse del designio de Dios. La Iglesia no es un “club” de buenos y de selectos. Es, simplemente, la reunión de todos los invitados.

         Para todos es la invitación:  “Venid  a  la boda,  venid a  la   fiesta". Esta parábola nos recuerda que esa invitación nos llega insistentemente a cada uno de nosotros, pero que puede ser rechazada cuando andamos distraídos en nuestros asuntos. El mensaje es claro: necesitamos escuchar la llamada que nos llega de Dios. Responder a esta llamada es un camino de felicidad y de vida plena. Su llamada no es una más entre otras. No se confunde con nuestros gustos y proyectos. Es diferente, viene de más allá de nosotros mismos, de lo profundo de nuestro corazón. Podemos dejar que resbale una vez más sobre nosotros, pero podemos también acogerla. Decir un pequeño “sí”, un sí humilde,  aunque sea débil e indeciso. Necesitamos escuchar su voz en nuestro interior y seguirla.

       Estamos invitados a participar en esta fiesta que permanece siempre. Otras fiestas son perecederas, se desvanecen como en estos días contemplamos con preocupación el derrumbamiento del sistema bursátil, la crisis económica que atravesamos que tanto sufrimiento está causando en los más necesitados y que tiene su raíz en la ambición del tener y en la idolatría del dinero. Quien da su confianza a Jesús está invitado a una fiesta sin fin, el Reino que Jesús anuncia.

        El mensaje del evangelio de hoy es de plena actualidad. Dios nos llama a todos, hoy como ayer. La respuesta de cada uno puede ser un si o un no. Esa respuesta es la que marca la diferencia entre unos y otros. Si preferimos las tierras o los negocios, quiere decir que es eso lo que de verdad nos interesa... todo el evangelio es una invitación, podemos responder si o no.

        Tal vez, podríamos preguntarnos: ¿podemos acoger hoy esta invitación a participar en esa  fiesta que Dios nos ofrece a todos? ¿Nos abriremos a la fuerza liberadora del Evangelio y a la esperanza que nos aporta? Podemos decirle en este día: Señor Resucitado, que hoy pueda acoger tu invitación a la Fiesta, que pueda  abrirme a tu mirada de amor y compasión sobre cada uno de nosotros y sobre todo ser humano. Que convirtamos nuestra vida y la de los que están cerca en una fiesta donde reine la alegría y el  amor verdadero.

Benjamín García





CICLO A
 
XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

PRIMERA LECTURA

LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS
25, 6-10a

Aquel día, preparará el Señor de los Ejércitos para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país --lo ha dicho el Señor--. Aquel día se dirá: "Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte."

SALMO RESPONSORIAL

SALMO 22

R.- HABITARÉ EN LA CASA DEL SEÑOR POR AÑOS SIN TÉRMINO.

El Señor es mi pastor,
nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R.-

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
R.-

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
R.-

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
R.-

SEGUNDA LECTURA

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS FILIPENSES
4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

ALELUYA.
Ef 1, 17-18
El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.

EVANGELIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
--El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda". Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.