FIESTA DE LA ASUNCIÓN DE MARIA 2016

Proclama mi alma la grandeza del Señor” (Lc. 1, 46-56)
Nos unimos hoy al canto de María en esta fiesta de esperanza y alegría.
  El Evangelio de este día nos presenta el encuentro de dos mujeres embarazadas, María e  Isabel  y el canto de María.
María  ante las palabras de  alabanza de Isabel,  prorrumpe en un canto de alabanza a Dios:  
Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Sí, María canta la grandeza del Señor. Esto significa que ella toma conciencia  
que el eje de su vida está en Dios, la alabanza le ayuda a centrar su vida en Dios. Nosotros estamos llamados también,  a  
centrar nuestra vida  en Dios y a vivir en la alabanza. A veces, nos creemos el centro de todo. Sin embargo, el día que  
decidimos alabar  al Señor, y darle gracias expresamos que el centro de nuestra vida está en Dios y nuestra vida cambia.
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador porque ha mirado la humildad de su esclava”.  María se alegra porque se siente  
mirada: la mirada es la expresión del amor de Dios: María se siente  amada y  nos hace descubrir que otra alegría es posible y   
nos lleva a la Fuente de la verdadera alegría. Ante  tanta falsa alegría, María pone en su canto como fuente de la alegría y de la  
acción de gracias  aquello que está al alcance de todos nosotros, aquello que todos tenemos: la vida,  la relación amorosa con  
Dios y su acción liberadora en nosotros.

El todopoderoso ha hecho grandes cosas en mí.  
Con estas Palabras, Maria reconoce que todo es puro don de Dios, que de Él lo ha recibido todo.  Estas palabras ponen el  
acento no en lo que nosotros hacemos por Dios sino en lo que Dios hace en nosotros. ¿Seremos capaces de reconocer, en  
nuestra historia personal los signos del paso de Dios en nuestra vida?¿reconocemos nuestros dones?

Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. La vocación cristiana consiste en dejarse amar  
profundamente por Dios, dejarse tocar por su misericordia. Dios nos  ama tal  como  somos, con nuestros límites,  y  desde   
nuestros  límites  nos  hace hombres y mujeres  nuevos mediante su Palabra de Vida. Únicamente desde la certeza profunda de  
sentirnos amados por Dios podemos testimoniar la nueva  vida de Jesús en el mundo que nos ha tocado vivir.

“Derriba del trono a los poderosos y eleva a los oprimidos; colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos".  
María proclama no sólo lo que Dios ha hecho en su vida, sino que alza su voz para cantar la acción de Dios en la humanidad.  
María se descubre inmersa en la historia de pobreza y sufrimiento de los hombres y mujeres de la Tierra, descubriendo, al  
mismo tiempo, la fuerza creadora de Dios que transforma, por medio de Jesús, las viejas condiciones de la historia.  
De esta forma,  la oración más íntima, se convierte en María en proclamación gozosa de la gran transformación social y  
política de la humanidad que supone la llegada del Reino. Hoy podemos decir que María en este canto descalifica el  
capitalismo neoliberal que domina nuestro mundo. El “Magnifica” es un canto revolucionario en el sentido más profundo.
  Este canto denuncia también la mentira y la ilusión de los que se creen “señores” de la historia y árbitros de su destino, y  
alienta la esperanza de los que, como María, poseen un corazón lleno de amor, abierto a Dios y a los hombres, un corazón  
libre y liberado.  

Ciertamente, detrás de  la crisis que padecemos, subyace una crisis antropológica, ética y cultural y unas consecuencias  
dramáticas (parados, desahuciados, inmigrantes, excluidos…).
Maria canta la alegría de los pobres y humildes de la tierra, proclama la derrota del egoísmo y de la codicia de los que se  
apropian de los bienes de la tierra y exalta la victoria del amor y la solidaridad.

  Sí, hoy, es la fiesta de la Asunción de María: Celebramos que  “María fue asunta al cielo en cuerpo y alma”, ¿qué quiere  
decir que María fue asunta al cielo en cuerpo y alma?, quiere decir que María, en la plenitud integral de su persona, ha sido  
transformada por la Resurrección de Jesús y, por tanto, que nuestra vida entera,  está destinada a ser también transformada por  
la Resurrección del Señor. Ésta fiesta es también anti-helenista, es decir, contraria a un espiritualismo que dividen al hombre,  
diciendo que en la muerte "el cuerpo vuelve al polvo y el alma vuela al cielo"Al afirmar que María «ha sido asunta»  en la  
gloria de los cielos tras la muerte,  supone que ella ha entrado en la plenitud de la pascua. Eso es posible para todos.

    En esta fiesta de María asunta al cielo, la Iglesia proclama a todos los hombres y mujeres de la tierra que la “carne” ha sido  
salvada. “La carne”, es decir, nuestra frágil condición humana,  ya está salvada: ya se ha logrado en una mujer, en un ser  
humano de nuestra raza, que ha llorado y sufrido como  nosotros y que, como nosotros, ha muerto. También nosotros, en  
nuestra muerte podremos entrar en nuestra plenitud de Vida como María.  

  En esta fiesta  de la Asunción de María, celebramos que nuestra corporeidad ha sido liberada. María está totalmente salvada,  
“toda ella” incluido su cuerpo. No sólo su alma, no sólo su espíritu, también su cuerpo. En Dios hay también lugar para el  
cuerpo. La manera como María miró, se relacionó, amó, sufrió, se compadeció... Todo en ella está ya eternizado en Dios.  
María es toda y plenamente dichosa y feliz. Hoy podríamos decir también que celebramos la Fiesta de nuestros cuerpos, la  
Fiesta de nuestra esperanza terrestre, es decir, estamos llamados a la plenitud de seres humanos en nuestra totalidad.  

   Hoy, como María,  podemos volvernos a Jesús Resucitado en nuestro corazón para decirle: Tú eres mi Salvador, Tú eres el  
Amor fiel, ayúdanos  a vivir plenamente. Que con María  podamos cantarte por siempre el canto de nuestra esperanza y de  
nuestra alegría.



                                                                                               Benjamín García Soriano.