COMENTARIOS-BENJAMÍN
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SEMANA SANTA-MARCOS
                     DOMINGO DE RESURRECCION.          

No está aquí: ha resucitado”  (Mt 28, 1-10).
Estas son las palabras del ángel a las mujeres que fueron al sepulcro. Estas palabras son para nosotros esta noche de Pascua y llenan de luz y de sentido nuestra vida humana. Esta noche es una Fiesta de Luz, una noche “más clara que el día”. Que la luz de esta noche disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro mundo.
Al alborear el primer día de la semana”, dos mujeres van a la tumba. ¿Por qué siempre las mujeres?  Las mujeres son las primeras en madrugar.  El amor madruga más que el sol, hace ver cuando está oscuro, el amor hace testigos de lo Invisible.
Ellas han testimoniado la muerte y la sepultura de Jesús. Son representantes del compromiso y de la fidelidad a Jesús... Pero en ese momento aparece el ángel del Señor.

Dice el texto que un ángel del Señorcorrió  la piedra y se sentó encima.” ¿Qué significa eso? Significa que Jesús ya no está aprisionado en poder de la muerte.  Significa que nuestra vida no puede ser ahogada por la muerte...  La piedra que separaba el mundo de los muertos del de los vivientes ha sido desplazada. La piedra que cierra el sepulcro es un símbolo de los bloqueos que  nos detienen en la vida. Muchos tienen la sensación de llevar una piedra encima que no les deja vivir. Puede ser el lastre de un pasado doloroso, las heridas y el sufrimiento que nos impiden levantarnos y continuar nuestro camino. Quizás hemos intentando muchas veces liberarnos del peso de esa piedra, pero todo ha sido en balde.

De repente, el ángel irrumpe en nuestra vida y, sin saber cómo, la piedra ha rodado y volvemos a experimentar de nuevo la vida.  La fuerza de la muerte ha sido derrotada para siempre. Cuando un ángel irrumpe en nuestra vida se produce la resurrección en nosotros, se abre nuestro sepulcro y rueda la piedra que nos bloquea la vida. Dios ilumina nuestra oscuridad. De repente, se hace luz en nosotros. Resucitar quiere decir que la piedra está corrida y una vida nueva es posible.

Después el ángel habló a las mujeres: “vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el Crucificado. No está aquí. Ha resucitado”. Lo que clausuraba la vida, el sepulcro, está abierto. No se le puede encontrar en el lugar de la muerte “al que vive”. Aquellas mujeres no comprendían nada. No salían de su asombro. Habían acudido al sepulcro simplemente para cumplir un deber de entrañables recuerdos y de homenaje. Nada más. Aquellos acontecimientos tomaban una envergadura insospechada... El ángel del Señor las sorprende con una Noticia increíble. “No está aquí. Ha resucitado”.

¿Acaso no nos identificamos con los sentimientos y la experiencia de estas mujeres en el Evangelio? ¿No nos vemos retratados en sus miedos? ¿No creíamos que nuestro mundo y nuestra vida son incambiables y que lo único que podemos hacer es aceptar resignadamente la realidad? ¿No habíamos pensado que todo se desvanece con la muerte y que todo termina en la nada?

Ha Resucitado”. Pero estas mujeres descubren algo absolutamente nuevo: Ha resucitado”. Se abren a una nueva mirada ante la vida, a una mirada positiva y esperanzadora, a otra visión de la realidad. No cabe la resignación paralizadora. Podemos dar paso al sueño. Si Jesús ha resucitado todo es posible.
Ya nada volverá a ser igual. El fuego y la luz de Jesús Resucitado han cambiado la historia. Todo es nuevo y todo es posible. Esta es la esperanza que esta noche celebramos.
De pronto, Jesús le salió al encuentro y les dijo: Alegraos...”. Sí, El Resucitado viene a nuestro encuentro, no nos deja en  la frustración el desencanto. Tampoco en la euforia que fácilmente se desinfla. Nos anima y nos llena de alegría.

Después, Jesús les dijo: No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”.  A esas mujeres les da el encargo de comunicar a sus discípulos la Resurrección. En aquella cultura, el testimonio de la mujer no se consideraba válido. Por eso sorprende, y es, por tanto, signo de autenticidad este hecho. El corazón de la misión evangélica es encomendado a dos mujeres por parte de Jesús: anunciar la Vida, comunicar el gozo del Evangelio.

Que vayan a Galilea”.  Y ahora, seremos nosotros los que tendremos que volver a Galilea, es decir, al trabajo de cada día, a nuestras casas, a vuestras familias, a vuestros amigos. Como si Él nos dijera: volved a  la realidad de cada día, a la vida ordinaria; esa es vuestra Galilea. Allí Él está presente. Podéis  decir al mundo que todavía existe la esperanza, que todavía hay futuro para todos más allá de donde llega el pensamiento; la vida es definitivamente posible, la vida es más fuerte que la muerte.

Por eso, celebrar la Pascua es intuir con gozo la Presencia del Resucitado. Él está ahí, siempre presente, en medio de nuestras pobres cosas, sosteniendo siempre todo lo bueno, lo bello, lo limpio que hay en cada uno de nosotros. Él está allí como una luz en la oscuridad, como un fuego en la noche.  Celebrar la Pascua es creer que ningún ser humano vive olvidado, que ninguna queja cae en el vacío, que ningún grito deja de ser escuchado. Por eso, hoy es la Fiesta de la vida, la Fiesta de la esperanza de una vida nueva y plena, de una vida llena de  sentido: ¡Mira hoy al ángel que está junto a ti, en tu sepulcro, en tu oscuridad! ¡Escucha al ángel que te habla! ¡Escúchale cuando irrumpa en tu vida! ¡Aléjate de las palabras que te sugieren que nada puede cambiar! También existe para ti el increíble misterio de la Resurrección  de una vida nueva.

            Demos gracias a Dios porque ha iluminado la historia de la Humanidad con la luz del Resucitado. Él hace posible que todas las noches, incluso las noches de nuestro corazón, estén llenas de claridad. Por eso, hoy podemos decir:

          ¡Oh noche más clara que el día! ¡Oh noche más luminosa que el sol! ¡Oh noche que no conoce las tinieblas!  ¡Oh Cristo, luz del mundo, enciende nuestras lámparas apagadas, rompe nuestras cadenas y alienta en nosotros tu Vida nueva! ¡Renueva en nosotros el deseo de seguirte siempre!

           Que esta Pascua reavive en nosotros el Fuego de una esperanza renovada. 
Cristo ha resucitado. ¡Feliz Pascua a todos!     
                                                       
Benjamín García Soriano