(Gn 3,9-15) ...ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.
(Ef 1,3-12) Él nos eligió para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor.
(Lc 1,26-38) Alégrate, favorecida, el Señor está contigo.


Hace treinta años que comienzo la homilía de este día con la misma explicación. A pesar de ello, descubro una y otra vez, que hay personas que no se han enterado de la diferencia entre Inmaculada Concepción y Concepción virginal de María. “Inmaculada” hace referencia al momento en que María fue concebida. Esa doctrina nos dice que María fue concebida sin ningún rastro de pecado, incluido el “pecado original”, desde el primer instante. Esto quiere decir que nunca tuvo la más mínima mancha de pecado. La virginidad “La Purísima”, hace referencia a la concepción de Jesús por María. Afirma que María concibió a Jesús, no como los demás seres humanos, es decir, mediante el concurso de una mujer y un varón, sino que la parte que correspondía al varón la suplió el Espíritu Santo...
La doctrina de la Inmaculada es un dogma, proclamado por Pío IX en 1854, hace hoy exactamente ciento cincuenta y tres años. Puede ser interesante recordar el proceso histórico que llevó a esta formulación. Ni los evangelios ni los Padres de la Iglesia hablan para nada de la inmaculada. La razón es muy simple, no se había elaborado una idea clara de lo que era el pecado original. Así de sencillo. El concepto de pecado original, tal como ha llegado hasta nosotros,  fue elaborado por S. Agustín. En cuanto se creyó firmemente, que todos los hombres nacían con una mancha o pecado (mácula), se empezó a pensar en una María in-maculada. En el siglo VII ya se celebraba una fiesta de la Inmaculada.
Durante toda la Edad Media, se mantuvo una violenta discusión entre los “inmaculistas” y los “maculistas”. Entre los más de doscientos teólogos importantes, que no creían en la inmaculada, encontramos a figuras tan destacadas y tan marinas como S. Bernardo, S. Alberto Magno, S. Buenaventura, Santo Tomás de Aquino. Esto nos muestra que lo que pensaban no tiene nada que ver con la mayor o menor devoción a Maria. S. Bernardo, el santo más devoto de María, dice en el año 1140: “esa invocación (Inmaculada) ignorada de la Iglesia, no aprobada por la razón y desconocida de la tradición antigua”. Hay que dejar claro que la discusión se centraba en un punto muy concreto: ¿La santificación de María, que nadie discute, re realizó en el “primer instante” o “un instante después?"Fue Juan Duns Escoto el que, por fin, dio con el argumento “decisivo”. “A Dios le convenía que su madre fuera inmaculada. Como Dios, puede hacer todo lo que quiera. Lo que Dios ve como conveniente lo hace. Luego Dios lo hizo”. (Y se quedó tan ancho) Ni la idea de Dios ni la de pecado original que se manejaba en aquellas discusiones, puede ser sostenida hoy.
Aunque la realidad del pecado original no se discute, (es un dogma) los exegetas nos dan hoy una explicación del relato del Génesis  que no es compatible con la idea de pecado original desarrollada por S. Agustín: una tara, mancha o defecto, casi físico, que se trasmite por generación a todos los hombres. Menos sostenible aún es que la culpa la tenga Adán. La arqueología nos está demostrando, cada día con mayor claridad, que no a existido ningún Adán. El paso de los homínidos al “homo sapiens” ha sido mucho más gradual y lento de lo que nos habíamos creído. En ese proceso evolutivo que ha durado millones de años, no hay manera de colocar una línea divisoria entre un simio y lo que sería un ser humano.
No se trata de una realidad que se pueda traer o llevar, quitar o poner. El primer “fallo” (pecado?) en el hombre, es consecuencia de su capacidad de conocimiento. En cuanto tuvo capacidad de conocer y por lo tanto de elegir, falló. El fallo no se debe al conocimiento, sino a un conocimiento limitado, que le hace tomar por bueno, lo que es malo para él. Lo que todos heredamos es esa limitación, que no es ningún fallo de la criatura, sino su misma esencia. Sin limitación no podría haber creación. Una criatura perfecta, sería el mismo Dios.
El dogma dice: “por un singular privilegio de Dios”. En sentido estricto, Dios no puede tener privilegios con nadie. Dios no puede dar a un ser lo que niega a otro. El amor en Dios es su esencia. Dios no tiene nada que dar, o se da Él mismo o no da nada. Nada puede haber fuera de Dios. Además no tiene partes. Si se da, se da totalmente, infinitamente. Lo que nos dice Jesús es que Dios se ha dado a todos. Esto no quiere decir que María no sea  un ser extraordinario. Al contrario desde aquí es desde donde podemos valorar la grandeza de su singularidad. Ella fue lo que fue porque descubrió y vivió esa realidad de Dios en ella. Todo lo que tiene de ejemplaridad para nosotros se lo debemos a ella, no a que Dios le haya colmado de privilegios. Puede ser ejemplo porque podemos seguir su trayectoria y podemos descubrir y vivir lo que ella descubrió y vivió. Si seguimos considerando a María como una privilegiada, seguiremos pensando que ella fue lo que fue gracias a algo que nosotros no tenemos, por lo tanto todo intento de imitarla sería vano.
Hablar de María como Inmaculada tiene un sentido mucho más profundo que  la posibilidad de que se le haya quitado un pecado antes de tenerlo. Hablar de la Inmaculada es tomar conciencia de que en un ser humano (María) hubo algo, en lo más hondo de su ser, que fue siempre limpio, puro, sin mancha alguna, inmaculado. Lo verdaderamente importante es que, si se da en un solo ser humano, podemos tener la garantía de que se da en todos. Esa parte de nuestro ser que nada ni nadie puede manchar, es nuestro auténtico ser. Es el tesoro escondido, la perla preciosa. Para descubrir esa realidad “inmaculada” tenemos que bajar hasta lo más hondo de nuestro ser. Si intentamos bajar a esas profundidades, descubriremos primero los horrores de nuestro falso yo. Será como entrar en un desván lleno de muebles rotos, ropa vieja, telarañas, suciedad. Al encontrarnos con esa realidad, la tentación es salir corriendo, porque tendemos a pensar que no somos más que eso. Pero si tienes la valentía de seguir bajando, si descubres que eso que crees ser, es falso, encontrarás tu verdadero ser luminoso y limpio, porque es lo que hay de divino en ti..
El concepto de pecado que tenemos, como ofensa a Dios por la que toma represalias, necesita una revisión profunda y urgente. Creer que los errores que comete un ser humano pueden causar una reacción por parte de Dios, es ridiculizarlo. Creer que la acción de un hombre puede influir en lo que Dios es, no tiene ni pies ni cabeza. Dios es impasible, no puede cambiar nunca. Es amor y lo será siempre y para todos. Al fallar, yo me hago daño a mí mismo y a las demás criaturas, nunca a Dios. Sea yo lo que sea, la oferta de amor por parte de Dios se mantiene siempre invariable. Pero esa oferta no la puede hacer Dios desde fuera de mí. Para Él no hay afuera. Lo divino es el fundamento, la base de mi propio ser. Nada puede cambiarlo. Ahí puedo volver en todo momento para descubrirlo y vivirlo. La salvación de Cristo consiste en que nos mostró el camino de esa realidad. O, si prefieres, eliminó los obstáculos que impedían descubrirla.
Si celebramos hoy una fiesta de María Inmaculada es para descubrir la cercanía de Dios en ella y a través de ella. En ella podemos encontrar las maravillas de Dios echas realidad y palpables. Esto es lo que hace a María maravillosa y atractiva, porque Él se manifiesta en la misma esencia de María. María es grande porque descubrió y vivió lo divino que había en ella. No son las cualidades externas, ni los capisayos que nosotros le hemos puesto, lo que hacen grande a María, sino su mismo ser fundado en  Dios.




Meditación-contemplación


“Él nos eligió, antes de crear el mundo, para que fuésemos inmaculados”.
Esa elección es para todos sin excepción.
No es una posibilidad sino la realidad fundante que me hace ser.
Descubrirla y vivirla sí depende de mí.
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No es nada fácil descubrir lo divino que hay en ti,
Porque está escondida bajo toneladas de basura.
Mi tarea, que puede durar toda una vida,
Es apartar la porquería y llegar asta el tesoro.
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No dejes que nadie de convenza de que eres basura.
No te desanimes.
No basta con haber oído que está ahí.
Es necesario experimentar esa presencia de manera inequívoca.
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FIESTA DE LA  INMACULADA
CICLO "A"