Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. (Lc. 1, 26-38).
Estas palabras, dichas a María,  están destinadas a toda la Humanidad representada en Ella. Estas palabras son también para nosotros, hoy: “Alégrate, llena de gracia, el Señor estás contigo…” 

       El Evangelio comienza diciendo: El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea” El ángel puede ser una metáfora de la proximidad de Dios en nuestra vida… En realidad, la aparición del ángel es una posibilidad con la que cuenta todo ser humano y el ángel de Dios nos es  enviado siempre en esos momentos de silencio interior.  La aparición del ángel es una experiencia interior…  Esta experiencia interior  de María y de cada uno de nosotros nos permiten escuchar “voces” que nadie es capaz de decirse a sí mismo: se trata, entonces, de estar atentos a un mensaje que nos sobrepasa.

       El ángel Gabriel comienza con un saludo: “Alégrate”, favorecida, el Señor está contigo. “Alégrate” (Jaire, kejaritomene). Ese “Alégrate”, ese “Jaire” es mucho más que “Alégrate”, quiere decir: “exulta de gozo, danza, baila, baila al son del pandero”... Alégrate, alegraos, el Señor está con vosotros. No es una alegría engañosa, es una alegría fundada en la certeza del amor de Dios, de sentirnos amados por Dios.  La invitación  a la alegría aparece 123 veces en el Nuevo Testamento.... Eso significa que todo el Evangelio es un mensaje de alegría.

      El Señor está contigo”. Cuando el ángel se dirige a María comienza comunicándole la certeza del amor de Dios: el Señor está contigo”. Ese es el motivo por el que María puede exultar de gozo. “El Señor está contigo”. Es la experiencia más fundamental de toda vida humana. No estás solo/a Alguien nos  acompaña.

     “Ella se turbó ante estas palabras”. Realmente, serían un “schock” para María estas palabras, Ella quedó impactada, desconcertada a nivel de su cabeza…eran demasiadas impresiones para una muchacha tan joven. Se siente perpleja, asombrada.

No temas, María, has encontrado gracia ante Dios”…  El ángel la llama por su nombre: María. “No temas, María”. El nombre tiene una importancia particular en la cultura bíblica, es la expresión del amor de Dios. Dios nos conoce a cada uno por nuestro nombre, nos ama personalmente. Dios nos ama como únicos… Sólo Dios puede amar así y siempre que Dios irrumpe en nuestra vida nos ama y nos dice: “no temas”. El nos libera siempre de nuestros  miedos. La voz del ángel despierta en María una gran confianza...

     Pero María escucha también el “designio de Dios” sobre Ella: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”. A María, Dios le promete un hijo que llevará por nombre Jesús, que significa Dios salva, Dios es Salvador; y salvación quiere decir: Vida plena.

         María se siente conturbada ante la sorpresa de que Dios se dirija a ella anunciándole su maternidad; por eso pregunta: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” María, mujer de fe, conocía las normas morales de su época que le impedía la relación matrimonial antes de los desposorios. La Anunciación se sitúa en ese intervalo antes de vivir juntos)…
La promesa del ángel a María puede resultar fantástica  y, por eso, ella pregunta: ¿Cómo puede ser eso? También nosotros, a veces, nos preguntamos: ¿Podremos comenzar una vida nueva? ¿Podríamos superar nuestras tendencias negativas y abrirnos a la ternura y a los deseos de felicidad que llevamos dentro?

      Una vez más, la respuesta es sencilla: Dios se encargará de todo: “El Espíritu del Señor te cubrirá con su sombra”. El Espíritu, es decir, la fuerza poderosa de Dios, actuará en tu seno virginal. Lo imposible se hará posible... Nosotros también necesitamos recordar que el Espíritu nos cubre con su sombra… Necesitamos renovar nuestra confianza en que el Espíritu es una Presencia en nuestra vida.

     Y el ángel  le da a María una señal: “Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril”... (En Israel, ser estéril, era un oprobio para las mujeres). Es una llamada a la confianza total porque Dios puede hacer fecunda nuestra vida estéril, (lo que hay de estéril en nuestra vida Dios puede hacerlo fecundo).

     María responde: “Aquí está la esclava del Señor,  hágase en mí según tu palabra”. María expresa su “sí” radical a Dios. Esa actitud de María de total disponibilidad y confianza es la que Dios nos invita a vivir. Dios necesita la colaboración de nuestra libertad para realizar su obra en el mundo.

       La Fiesta de María Inmaculada, en medio del Adviento, no es un paréntesis para los que nos preparamos a la venida del Señor en Navidad. El testimonio de María pone de relieve lo que es prepararnos al Misterio del Dios encarnado, que es la fiesta del amor gratuito de Dios que renueva nuestra esperanza. María acoge el amor de Dios. Con María, la humanidad aprende a decir “sí” a Dios.

          Que hoy, en la fiesta de la llena de gracia,  podamos renovar nuestro a Dios como María: “Hágase en mí según tu palabra”.



Benjamín García  Soriano.
FIESTA DE LA  INMACULADA
CICLO "A"