OS DOY UN MANDATO NUEVO
- COMENTARIO A LA PALABRA DE DIOS

- ESQUEMA DE LA CELEBRACIÓN

- MONICIONES DE LAS DISTINTAS PARTES
SEMANA SANTA-MARCOS
                                                                       HOMILIA DE JUEVES SANTO

   Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. (Jn. 13, 1-15).

    Es imposible recoger el contenido profundo del Evangelio del Jueves Santo. Por eso, Juan lo resume en estas palabras: habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Jesús  ama hasta el final. Con su amor va hasta el extremo en el amor. 

El Evangelio pone de relieve el lavatorio de los pies: “Jesús se levanta de la cena, se quita el manto y tomando una toalla se la ciñe, echa agua en la jofaina...” Tal gesto de amor se describe con un cúmulo de verbos (ocho verbos) que llenan la escena de un profundo significado. El evangelista, con este gesto de Jesús, quiere que esta escena quede grabada en el corazón y en la mente de sus discípulos.

Lavar los pies en  aquella  cultura era un trabajo de esclavos. Jesús realiza una acción casi escandalosa.  Lo que Jesús hace sólo lo hacían los esclavos, la mujer al marido, la prostituta con sus clientes. Por eso, con este gesto Jesús provoca desconcierto en sus discípulos: que el que preside la mesa, el Señor, el Maestro, el Mesías, se ponga a lavar los pies, es incomprensible para los discípulos. No podían comprender cómo el Maestro y el Señor se  pusiera  a lavar los pies...

  Al arrodillarse Jesús ante cada uno de sus discípulos, Jesús se inclina ante el hombre que hay en ellos y ante cada uno de nosotros. Podemos pensar que estamos también nosotros en medio de este círculo de discípulos.  Nos encontramos frente a Jesús lavándonos los pies y devolviéndonos nuestra dignidad. Nadie es superior a nadie, todos somos iguales en dignidad. Eso es lo que significa el gesto del lavatorio de los pies.
Esta tarde podemos imaginar que Jesús, al arrodillarse ante cada uno de sus discípulos y ante cada uno de nosotros, nos  susurra al oído: “¡No temas, estoy contigo! ¡Levántate, yo soy tu fuerza! ¡Ánimo! No te dejaré ni te abandonaré”.  El está continuamente arrodillado ante nuestros pies y nos presta el servicio de  esclavos, el servicio de la purificación; nos hace capaces de acoger a Dios en nuestro corazón. Su amor es inagotable; realmente llega hasta el extremo.

La reacción de Pedro es comprensible, es más, nos extraña que los otros no hayan dicho absolutamente nada, Pedro dice: “Señor, ¿Tú a mí lavarme los pies? Tú no me lavarás los pies jamás”. ¿Cómo Tú vas a rebajarte para hacerme este servicio? Se supone que Tú eres el Maestro y el Señor y nosotros somos tus discípulos. La reacción de Pedro es una reacción negativa. No admite la igualdad y rechaza el gesto de amor de Jesús. Nos cuesta mucho dejarnos amar, nos cuesta acoger su amor.

Pedro (que nos representa también a todos nosotros), no entiende lo que significa el Amor pues no deja que Jesús se lo manifieste lavándole los pies.  Pedro no se deja amar... Ese puede ser también nuestro problema: no acoger su amor.

Necesitamos que Jesús “toque” nuestros pies: los pies significan la base de la persona, lo fundamental; sin una experiencia básica de amor no podemos vivir, necesitamos dejarnos amar por Él, dejarnos alcanzar por su Amor en lo profundo de nosotros mismos, necesitamos que Jesús “toque” hoy nuestros pies ¿Podremos acoger su amor que se inclina a nuestros pies?

Jesús responde a Pedro: “Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo”. Es como si le dijera:  si no admites la igualdad, si no compartes el amor que nos hace iguales, no puedes estar conmigo... Necesitamos un lavatorio radical, sí, un lavatorio del corazón. Esto sólo es posible en un encuentro profundo con Jesús.

Jesús termina el lavatorio de los pies, diciendo: “ Si Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis de lavaros los pies unos a otros”. No hacen falta muchas explicaciones. Lo único que Jesús nos pide, es que nos dejemos amar por Él y también que nos amemos de verdad unos a otros como Él nos ha amado.

Hoy, Jueves Santo, es el Día del Amor Fraterno.
Jesús, en su despedida, dice a sus discípulos: “que os améis unos a otros, como Yo os he amado”.
Hoy, las crecientes diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, la mesa abierta, que no excluya  a nadie. La desigualdad en nuestro mundo es una verdadera blasfemia contra la fraternidad universal que Dios tiene como designio sobre el mundo.

Hoy contemplamos  a Jesús, puesto a los pies del mundo que nos revela su amor a todos, como vida auténtica y plena de sentido. Jesús con este gesto de lavar los pies, echa por tierra el sistema dominante de nuestro mundo, invierte nuestros valores...

También hoy es el Día de la Eucaristía...  Es el pan partido y repartido entre todos es expresión del amor hasta el extremo... La Eucaristía es también una protesta contra la injusticia de nuestro mundo y la celebración del amor y de la vida para todos, sin exclusión.

En esta tarde del Jueves Santo, nos volvemos a Jesús para decirle: Señor, compartimos contigo la cena en la que nos revelas todo tu amor.  Que podamos comprender, que eres el amigo que permanece siempre a nuestro lado, la alegría que nadie jamás nos podrá arrebatar.

                                                Benjamín García Soriano