PALABRA DE DIOS
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SEMANA SANTA-MARCOS
HOMILIA DEL VIERNES SANTO

Inclinando la cabeza entregó el espíritu"  (Jn. 19,30 ).

Así muere Jesús en la Cruz: ahí descubrimos el gran amor de Dios al mundo, que se hace solidario del sufrimiento de todos los seres humanos. Jesús muere hoy en la Cruz. Dirijamos nuestra mirada ante el rostro ensangrentado de Jesús crucificado.

Jesús dice: “Tengo sed. La sed de Jesús es uno de los mayores tormentos de la Cruz. Es una sed asfixiante a causa de la sangre perdida. La sed de Jesús es física y espiritual, es la sed del moribundo que quizás ya ni puede tragar. La sed de Jesús es también la sed de Dios. Tal vez, Jesús repita las palabras: “Mi alma tiene sed de Ti, Señor, del Dios viviente”. Una sed que sólo se apaga en Dios. Una sed que vive en cada corazón humano y que sólo Dios puede calmar. Sólo Dios puede calmar la sed de nuestro corazón humano.

Después dice que Cuando probó el vinagre, dijo: “todo está cumplido. Un soldado le presenta una esponja empapada en vinagre. Era la bebida de los condenados. Jesús tiene sed y recibe vinagre. El vinagre es símbolo del odio y de la agresividad, nos puede ayudar a preguntarnos por qué, a veces, los seres humanos, aun cuando queremos consolar, aun cuando queremos dar agua, en vez de agua, damos vinagre. Jesús, al tomar el vinagre, acepta la muerte causada por el odio y expresa su amor hasta el extremo.

Y añade: “Todo está cumplido, quiere decir que ha llevado a plenitud su vida, que ha amado hasta el final. En el Crucificado descubrimos el Rostro del amor y de la ternura de Dios vuelto hacia nosotros. La vida en la Tierra no es el valor supremo. Hay cosas por las que merece la pena entregar la vida. La muerte para Jesús ha sido un descanso, un descanso en Dios, el descanso de la muerte de Jesús no evoca la terminación de sus sufrimientos, es el descanso en el Padre. Por eso, podemos decir que Jesús vive en la paz y muere en la paz. ¿No nos dice nada a nosotros esta paz con la que Jesús muere?

Y termina el relato de la Pasión diciendo: E inclinando la cabeza, entregó el espíritu”. La frase “inclinando la cabeza” indica que Jesús se duerme. Es una muerte que no interrumpe la Vida. Jesús no muere por morir sino para mostrar su amor hasta el final. Ese amor extremo rompe, por así decirlo, los límites de la humanidad de Jesús.

Hoy recordamos que la Pasión de Jesús continúa en los millones de seres humanos que padecen hambre y pobreza extrema en nuestro mundo:  nuestra razón no entiende cómo en un mundo globalizado una gran parte de la humanidad no tenga acceso a la alimentación. La mayor tragedia de la humanidad sigue siendo el hambre y la desigualdad. También continúan las víctimas de los sangrientos conflictos armados, del terrorismo y de todo tipo de violencia que causan profundos sufrimientos a poblaciones enteras.
Señor Jesús, tu pasión está presente hoy en la historia de toda la Humanidad: la historia de todos los vencidos, humillados, agredidos y pisoteados...
Toda la pobreza, todo el desamparo humano, todo el pecado del mundo se hacen visibles en el rostro de Jesús Crucificado que está en el centro de la liturgia del Viernes Santo.

Al pie de la Cruz, en este Viernes Santo, pongamos en manos de Dios: nuestras preocupaciones, nuestras tristezas, nuestros problemas, nuestras crisis. Encomendemos a su misericordia a todos los que viven alejados e indiferentes, pidámosle que cuide de aquellos que amamos y de aquellos de los que, a veces, sin querer, les damos vinagre en vez de agua porque no sabemos, somos torpes y necesitamos que Él nos enseñe a amar como Él nos ha amado.

Vamos ahora a adorar y a besar la Cruz: al besar la Cruz, al besar hoy a Jesús Crucificado, acogemos también su beso, el beso de su amor que nos reconcilia y nos hace revivir. Jesús nos dice hoy a cada uno y a cada una: entrégame todo lo que te pesa demasiado, todo  lo que te esclaviza, todo lo que te agobia, todo lo que te entristece... Entrégamelo todo. Y nosotros, tal vez, podemos decirle: Señor, quisiera entregarte toda mi vida.

Contemplemos a Jesús  en la Cruz con los brazos extendidos intentando abrazar de nuevo a toda la humanidad y digámosle: Tú, nos has amado hasta el extremo, ¡Oh Jesús Crucificado, has colmado al mundo con la ternura del Padre! Tú eres el Rostro de la bondad y de la misericordia, el Rostro de la ternura de Dios sobre cada uno de nosotros y sobre toda criatura humana.



Benjamín García Soriano