PRERROGATIVAS DE MARÍA
                                      (Texto sacados de las conferencias de Antonio Oliver)



                                                                          
INMACULADA CONCEPCIÓN

La Inmaculada Concepción significa, sencillamente que María Santísima, en el primer instante de su concepción fue preservada de la mancha del pecado original, según la Bula “Munificentísimus Deus” proclamada en 1854 por el Papa Pío IX. Se trata de un hecho histórico, pero sobre todo simbólicamente, lo cual quiere decir que, para entenderlo, hemos de entrar en la forma de significar del símbolo. Todos llevamos dentro cosas que las sabemos pero no las sabemos formular. Esto va a suceder al comentar el saludo del ángel a María.

“Salve, llena-de-gracia” Es ángel le cambia el nombre a María por el de “Llena-de-gracia”. Es decir, que está    Dios desde el primer instante de tu concepción.
Así que María Santísima esta aquí para decirnos que lo que deseas de Paraíso Yo lo vas a lograr, porque fui engendrada en ese ambiente que Tú echas de menos.

¿Podremos construir entre todos el Paraíso, de forma que los hombres, en vez de nacer en un valle de lágrimas, naciéramos en una montaña de luces? Esto es lo femenino que hay en ti, y esta es la Inmaculada Concepción. Pero todavía no ha sucedido del todo. Lo importante es que está sucediendo y sucederá y vendrá por la mujer.

María Santísima es de todos nosotros, los humanos, la primera, nada más. Pero no es una diosa, es la primera del género humano, la que con más valentía abrió de para en par sus puertas, como Abraham. Se fió totalmente de Dios, colocó toda su vida en el cielo, esperó con toda su esperanza al salvador que le nació de sus entrañas; y este Salvador, que dará forma a nuestro cuerpo, le reformó el suyo hasta el punto de que todo su cuerpo mortal ya estaba creando inmortalidad dentro de sí, como se demostrará en su Asunción al cielo.
                           


VIRGINIDAD PERPETUA DE MARÍA

El dogma de la Virginidad de María está en vigor desde los concilios de Constantinopla (553) y de Letrán (649). Aunque como dogma no fue definido hasta 1553 por el Papa Pablo IV, que era Teatino.

Si no nos situamos en aquella época nos encontramos con muchos problemas y hablaremos muy mal de la Virgen María y esto se nos complicará más dotaría cuando nos acerquemos al dogma de la Inmaculada concepción declarado por Pío IX en 1854.

No puede lanzarse la idea de la virginidad, hecha ejemplo en María, sin que lo cristiano vibre en inmensas ilusiones de futuro, cuando no es interminables recuerdos de pasado que llevamos en el inconsciente. Toda la mitología humana, todo lo acumulado que llevamos dentro, tiene ilusiones de pasado y deseos hacia el futuro de una situación paradisíaca.

Haremos una concesión a la poesía que nos ayudará a entendernos. Cuando el Génesis nos habla de las primeras auroras del Paraíso, de los primeros animales, del primer cantar de las aguas y de las cosas creadas por Dios, recién pintadas, perece que todos estábamos allí. Es más, todos entendemos y deseamos perfectamente que esta descripción ideal, haya sido verdad. Más aún, si bajamos hacia adentro entendemos y sentimos que en el ser de cada uno de nosotros existe un rincón donde este Paraíso está todavía intacto: una nieve sin pisar, la primera aurora, el primer canto de los pájaros; fíjate que no hago más que nombrar cosas que están a nuestro abasto, pero vírgenes. Eso es la virginidad.

Ocurre que, desde entonces, hemos pisado la nieve de tal manera, que la nieve es negra.
Dice Bereshit: “En el principio, en la cabeza, donde empiezas, en lo más íntimo de ti, en tu profundidad, las cosas son así. Todos llevamos inédito, virginal y auroral el Paraíso Terrenal, que estuviera donde estuviera, lo cierto es que en nosotros queda algo de él y por eso alguna vez soñamos con vivir allí.

Para los cristianos esto es fundamental, ya que cuando nos entierran nos dicen: ”Que los, ángeles te conduzcan al Paraíso”. El Paraíso es una nostalgia que nos empapa toda la vida, o un recuerdo de futuro. El Paraíso, es tan patria nuestra, que allí somos conducidos cuando “somos” de verdad, que es cuando morimos.

La Virginidad de María, así como la Inmaculada Concepción, nos dicen que este recuerdo de pasado o recuerdo de futuro y la geografía espacial que llevamos dentro en el “cogollo” del ser -en el principio- han aflorado a la superficie y han sido gozados por lo menos en un ser humano, una mujer: María. Es tan verdadero este recuerdo, que una mujer como nosotros logró ponerlo en la superficie de su propia vida. Eso es la virginidad. Pero hay otro detalle importante. Este gran deseo de Paraíso que yo tengo, que tú tienes, lo tenemos porque lo llevamos dentro. Uno ha podido ser violado muchas veces y la virginidad manchada, ennegrecida y rota, pero hay una zona en cada uno de nosotros donde sólo el infinito puede poner el pie, y como el infinito no ha llegado aun, nos queda una zona en la cual todos somos vírgenes. Aquí es donde empieza la Virginidad de María. Es la virginidad ante lo divino. Una zona donde la ilusión, la esperanza y la alegría están intactas. Eso es la virginidad.

Si los latinos nos hemos encerrado en la virginidad puramente biológica “Virgen antes, en y después del parto” (Concilio Lateranense), sin embargo, en los griegos suenan y están más cerca los rumores del Paraíso. Que María Santísima es Virgen significa que ella es el testimonio de que todos los hijos de Eva llevamos dentro el Paraíso en el que Eva nació. Esto es de san Basilio. Pon esto al lado de la afirmación de la virginidad biológica y verá como esta queda pequeña. Si nos empeñamos en que la Virginidad de María se refiere a lo puramente físico, entonces estamos en la herejía. Que María sea virgen significa unas dimensiones infinitamente mayores que lo físico. María era espiritualmente virgen y, sobretodo, humanamente virgen. Podríamos resumir:
1.Todas las ilusiones de virginidad que la humanidad arrastra, son reales en María.
2.2. Todas las ilusiones no estrenadas todavía (virginidad) que se hace la Humanidad sobre utopías futuras, en María han sido verdad.


ASUNCIÓN DE MARÍA
El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión no garantiza que se haya entendido correctamente. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta hacerla incapaz de ser expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser positiva, siempre que no se tome literalmente y distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en
una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.
La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar sus privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.
Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra muy distinta la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús ni María ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubiera entendido nada de esa definición. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.
No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho lo contrario.
Cuando el dogma habla de “en cuerpo y alma”, no debemos entenderlo como lo material o biológico por una parte, y lo espiritual por otra. El hilemorfismo, mal entendido nos ha jugado un mala pasada. Los conceptos griegos de materia y forma, son ambos conceptos metafísicos. El dogma no pretende afirmar que el cuerpo biológico de María está en alguna parte, sino que todo el ser de María ha llegado a la más alta meta.
Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿De qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. La materialización del más allá, como si fuera un trasunto del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se siguen encontrando muy a gusto en él. Del más allá no podemos saber nada. Lo único que podemos descartar es que sea prolongación de la vida del aquí.
No sé lo que pensó Pío XII al proclamar el dogma, pero yo lo entiendo como un intento de proponer, que la salvación de María fue absoluta, es decir que alcanzó su plenitud. Esa plenitud sólo puede consistir en una unificación e identificación absoluta con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su proceso de maduración terreno y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos, como puede ser sentarla en un trono, coronarla, declararla reina; sino por proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la que nos espera a todos, si somos capaces de decir como ella: “Fiat”. En lenguaje bíblico “los cielos” significa el ámbito de lo divino, por tanto María está ya en “los cielos”.
Viniendo al evangelio, hay que tener en cuenta que los relatos de la infancia son teología narrativa. No tiene sentido entenderlos como una crónica de sucesos. Inspirándose en otros relatos del AT, Lc nos traza los rasgos fundamentales de lo que descubrieron en Jesús los primeros cristianos en la experiencia pascual. Todo lo que afirma de Jesús, es lo que pensaban de él cuando ya habían desarrollado su actividad.
La función de María como madre biológica no es relevante. Lo importante fue la influencia que pudo tener en la transmisión de la fe de su pueblo a Jesús, y más tarde la respuesta personal al mensaje de su hijo. La alabanza de la mujer en el evangelio de la vigilia: “dichoso el vientre que te crió y los pechos que te amamantaros”, no podía ser aceptada por Jesús, porque hubiera supuesto que María era grande por haber dado a luz
a Jesús y por haberle dado el pecho.
Esto no es devaluar para nada la figura de María. Es hacer ver que su valor está, no en la función por razón del sexo, sino en su condición de ser humano con las mismas posibilidades de llegar a una plenitud que el varón. Aceptar la alabanza de la mujer, hubiera sido aceptar una desigualdad radical con relación a los varones y por tanto perpetuarla. El ser persona es mucho más importante que ser madre. Durante demasiado tiempo hemos olvidado esta enseñanza del evangelio y hemos devaluado
todo lo femenino.

PALABRA DE DIOS